LA SOLEDAD DE (PAUL) WATSON

Por Claudio Campagna


“Watson,” el documental, sugiere al compañero de un Holmes ausente. Pero el personaje no es John sino Paul, Paul Watson. Lejos está este hombre de la templanza, la rigurosidad objetiva y el carácter mayormente afable con el que se bosqueja al amigo de Sherlock. Paul Watson es un guerrero que tomó a la comunicación por las astas, le torció la cabeza al toro y le puso ante la vista crueldad que ha imperado en el mar desde que el ser humano se subió a un barco.

El documental se estructura en torno a una entrevista que se detiene de vez en cuando para intercalar imágenes de vida marina, entre las mejores que he visto, e imágenes de archivo que muestran a Paul en los tiempos de Greenpeace, o capitaneando, en plena batalla, un barco de su organización, la Sea Shepherd Conservation Society, la Sociedad de Conservación de los Pastores del Mar.


La entrevista es el corazón del documental. Y sin embargo, lo insuperable son las imágenes históricas de lo que se llamó “acción directa:” tácticas para disuadir a los buques balleneros, o a las embarcaciones que “aletean” tiburones, a suspender sus crueldades incomprensibles a la razón. Las imágenes de archivo muestran a un Watson liderando un grupo comando que, en un bote inflable, se interpone a la trayectoria de un arpón. El cañón se dispara igual, e impacta en una ballena, pasando sobre las cabezas de los activistas. En otro ejemplo, Watson golpea y daña el casco de un buque pirata con la proa de su embarcación de guerra ambiental.


Entre las imágenes que más importan se encuentran las de la caza de focas por los canadienses. Los cazadores, seres humanos entre signo de pregunta, clavan un gancho en el cuerpo de una foca de pocos días para impedirle que escape al agua. Una vez asegurada, le quebrarán el cráneo de un palazo. Buena gente los foqueros y los balleneros… tan buenos como los que enganchan tiburones en anzuelos encarnados, los cargan a bordo, les cortan las aletas y los tiran, mutilados, por la borda. Los animales caen al fondo del mar como una hoja que dibuja curvas en el aire.


A Watson se lo persiguió, acusó, arrestó, encarceló y expuso a toda la parafernalia de instrumentos legales que el mundo occidental es capaz de concebir para defender al ballenero, al foquero, etc. A Watson se lo llamó criminal, a los que el resistió, perjudicados.

La película confronta nociones de bien y mal, de lo aceptable e inaceptable. Watson recuerda su vida con la tranquilidad de un mercenario. Mantiene en la entrevista una expresión de ojos que sonríen. Ya se la encuentran en el Watson joven. Y sin embargo, la frustración se le cuela, incluso el odio por aquellos que, bajo un argumento de necesidad cuestionable, reclaman derechos como si fueran mártires de los ambientalistas.


Watson el documental cuenta una historia precisa en un tiempo demasiado extenso. Las imágenes extraordinarias de la vida marina no son necesarias para que el espectador comprenda lo que se encuentra en juego. El contraste estético es excesivo, nos quitan de los tiempos en los que Watson construía su propias imágenes para vivir resistiendo una gran injusticia universal. Watson se defiende afirmando que sus acciones directas nunca dañaron físicamente a nadie, mientras que aquellos a los que él persiguió mataron cientos, miles de animales por conveniencia. Ese es el conflicto de base.

La industria ballenera llevó al borde de la extinción a las especies más espectaculares. En algún momento fueron los Estados Unidos, y los rusos y japoneses, noruegos y españoles. Islandia reclama por su cultura ballenera. El aleteo de tiburones masacra cientos de miles de tiburones para que en Hong Kong, o tal vez en Wuhan, de donde recibimos el virus que nos cambió la vida, un hombre rico consuma sopa de aleta.

Es importante Watson, el hombre sin par, el hombre solo. En el mundo ambientalista no hubo otro que demostró mejor su desconfianza por las instituciones para subsanar el enorme mal que le hacemos a la naturaleza. Su forma de la violencia colisionó en un universo de otras violencias, permitidas por el poder, incluso subvencionadas con los impuestos de la gente de a pié. El cambio climático no tiene un Watson. Tiene ciencia, pero no parece que estemos yendo a ninguna parte.

En síntesis, Watson el documental rescata imágenes que hoy, aunque aún ocurren, nadie quiere mostrar. Watson fracasó, porque se siguen matando ballenas y aleteando más tiburones que nunca. Pero no se le puede negar un intento de cambiar la estética del mar, tan cercana a lo que debe ser, al valor ético. Watson fue un fracasado exitoso. Quien lo condena en el fondo lo rescata. En muchos de nosotros germina la semilla de un Watson.

Quisiera no justificarlo, porque sería políticamente más correcto. Pero pienso que un mundo sin personajes como él no logra cambios de fondo. La diplomacia, la negociación, nos dan el planeta que tenemos: incendiado, sin glaciares, con especies en extinción, y todo sin pena ni gloria. ¿Habría sido lo mismo una legión de Watsons? Pero no la hay, y ya no queda espacio para su perfil.


“Watson” de Lesley Chilcott fue estrenada en Latinoamérica en el 5to Festival Internacional de cine ambiental de la Patagonia, PATAGONIA ECO FILM FEST


* Claudio Campagna, biólogo que trabaja para la  Wildlife Conservation Society, es presidente del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y fue jurado de la sección de largometrajes internacionales en competencia del PEFF 2020



Trailer WATSON - PEFF 2020


THE SOLITUDE OF (PAUL) WATSON

By Claudio Campagna


“Watson,” the documentary, hints at the partner of an absent Holmes. However, the character is not John, but Paul, Paul Watson. Far is this man from the temperance, the objective rigor and the mostly affable character with which Sherlock's friend is outlined. Paul Watson is a warrior who took communications by the horns, twisted the head of the bull and presented him with the cruelty that has reigned in the sea since human beings jumped on a boat for the first time ever.

The documentary is structured around an interview that stops from time to time to insert images of marine life, among the best I have seen, as well as archive images that show Paul in the times of Greenpeace, or captaining, in the midst of battle, a ship belonging to his organization, the Sea Shepherd Conservation Society.


The interview is the heart of the documentary. Yet, what is insurmountable are the historical images of what was called “direct action”, tactics to dissuade whaling vessels, or vessels that “fin” sharks, to cease their senseless cruelty, which is unfathomable to reason. The footage shows a Watson leading a commando group in an inflatable boat that stands in the path of a harpoon. The spear is fired anyway, and hits a whale, flying over the heads of the activists. In another example, Watson strikes and damages the hull of a pirate whaling boat with the bow of his environmental warship.

Among the images that matter most are those of the seal hunt by the Canadians. Hunters -are they even human beings?-stick a hook into the body of a baby seal to prevent it from escaping into the water. Once secured, they will break her skull with a club. “Good people,” these sealers and whalers... as good as those who catch sharks on baited hooks, load them on board, cut their fins off and throw them, mutilated, overboard. The animals fall to the bottom of the sea like a dry leaf drawing curves in the air.

Watson was persecuted, accused, arrested, imprisoned and exposed to all the paraphernalia of legal instruments that the Western world is capable of conceiving to defend the whaler, the sealer, etc. Watson was labeled as a criminal, and those who opposed him were called the harmed ones.


The film confronts notions of good and evil, of what is acceptable and unacceptable. Watson recalls his life with the tranquility of a mercenary. He maintains in the interview an expression of smiling eyes. You already find it in the young Watson. And yet, frustration creeps in, even hatred for those who, under an argument of questionable necessity, claim rights as if they were martyrs of the environmentalists.


Watson the documentary tells a precise story but in an exceedingly long time. The extraordinary images of marine life are not necessary for the viewer to understand what is at stake. The aesthetic contrast is excessive; it takes us away from the times when Watson built his own mind and film images to live, resisting major universal injustices. Watson defends himself by claiming that his direct actions never physically harmed anyone, while those he pursued killed hundreds, thousands of animals for their own convenience. That is the baseline conflict.

The whaling industry brought the most spectacular species to the brink of extinction. At some point it was the United States, and the Russians and Japanese, Norwegians and Spanish. Iceland still defends its whaling culture. Shark finning massacres hundreds of thousands of sharks so that in Hong Kong, or perhaps in Wuhan, from where we received the virus that changed our lives, a rich man may chose to order shark fin soup.


Watson, the man without equal, the man alone, is important. In the environmentalist world, there was no one who better demonstrated his distrust of institutions to remedy evil done to nature. His form of violence collided with a universe of other violence, allowed by the powers-that-be, even subsidized by the taxes of ordinary people. Climate change does not have a Watson. It has science that, so far, has not taken us far.


In short, Watson the documentary rescues images that today –although harpooning is still happening- nobody wants (or dare) showing anymore. Watson failed, because whales are still being killed, and sharks are still being finned more than ever. But he cannot be denied an attempt to change the aesthetics of the sea, so close to what it should be, to the ethical value. Watson was a successful failure. Those who condemn him ultimately rescue him. The seed of a Watson is germinating in many of us.

I would like not to justify him, as it would perhaps be the politically correct thing to do. But a world without characters such as Watson would fail to achieve fundamental changes. Diplomacy and negotiations, cost-benefit analysis and tradeoffs have given us the planet that we have: burnt out, with melted glaciers, and a variety of species threatened with extinction; and all without shame or glory. Could a legion of Watsons have changed the scenarios? I am thinking in a vacuum, as there is no such a thing… Besides, there is no more room for profiles like his.


“Watson” was premiered in Latin America at the 5th International Environmental Film Festival of Patagonia, PATAGONIA ECO FILM FEST


* Claudio Campagna, a biologist who works for the Wildlife Conservation Society, is president of the Forum for the Conservation of the Patagonian Sea and was a jury of the international feature films section in competition at PEFF 2020

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